Hay días que, con mucha suerte, acaban.
Noches que se retrasan por medio de una lista de cosas a medio hacer. Cansancio acomulado en la espalda, en los ojos y en el corazón. Tú marcas los tiempos, o al menos eso crees. Hay veces que no controlas lo que te envuelve, lo que te rodea, ni tu nota de lengua. Suenan canciones determinadas en momentos específicos. Y parece que todo se derrumba.
Mañana no tiene mejor pinta. Rodeada de desorden, de gente que sonríe pero no ayuda, te tocará levantarte a las siete y media a memorizar temas de sociología sin fin. Echar de menos ha dolido mucho más antes pero jamás con esa rabia. Esa impotencia, ese nudo en el estomágo.
"Quitarme las gafas y que sea la vida la que se encargue de ponermelas cuando haga falta" reza un trozo de papel en tu corcho. Suena a algo que escribiste en la Moleskine, a una llamada de telefono con Cris y a una felicidad momentanéa. Vivimos de ellas.
Sólo quieres estar sola, un rato, o con esa persona. Pero ni está ni la soledad es buen aderezo para la vida. Así que toca sonreir, levantarse mañana y buscar motivos. Que siempre los hay.
Estoy muy orgullosa de ti, de tus caídas y todas las veces que te levantas. De que no hayas dejado de comer, y de que sepas lo que vales. Lo que mereces.
Eres grande, Marta. Por el simple hecho de que quieres que hoy acabe porque sabes que mañana será mejor.
Mucho mejor.
23 de enero de 2014
19 de enero de 2014
"se había convertido en princesa"
No es raro que las canciones te recuerden a personas, sucesos, situaciones, miedos y sentimientos. Para nada. Sin embargo, nunca he sido muy fan de ese cosquilleo cuando hay una canción que recuerda, remueve y hace "plum, ya llegué". Así que me protejo de la manera más fácil -y cobarde- del mundo: con cada etapa de mi vida hay x grupos o cantantes nuevos, y cuando esa etapa termina, se borra de la lista del Spotify y a dejar que el tiempo borre todos los recuerdos. Y ABBA, ABBA siempre funciona.
Porque siempre prefiero quedarme con los libros de la gente.
Pero, ¿sabes lo que pasa? Que me he dado cuenta que hay algo común en todos esos grupos, esas canciones y esas etapas. Yo. Que se dice pronto. Y que ya no duelen.
Y que ABBA sigue molando.
Supongo que se llama crecer.
(Aunque a veces se sienta raro)
Y que eso, Diego, que "fue precioso nuestro amor"
18 de enero de 2014
Cosas que me propuse y conseguí (y por ello están colgadas en mi corcho, para recordarmelo)
- Estudiar Periodismo en Madrid, desde que tenía ocho años y descubrí que quería aportar en la cola del paro. Y lo tuve siempre tan claro -aunque a veces no me lo creía- que me da esa sensación de paz cuando pienso que sí, joder, que lo estoy haciendo.
- Vivir en el extranjero. Es verdad que esto se me adelanto un poquito y esperar esperar nunca lo esperé. O al menos nunca me vi con 15 años en Noruega y, quien me lo iba a decir, ahora ese país es algo más que el salmón, los fiordos y Mette-Marit.
- Ir a París. Desde que empecé a estudiar francés -benditos ocho años- me lo propuse. Lo que tampoco esperaba es que vendrían también Londres, Bruselas, Eupen, Roma, Florencia y Venecia.
- Sacar Matrícula de Honor en Bachillerato. Y en la E.S.O.
- Tener un novio madrileño. Y lo reconozco, de las peores experiencias de mi vida. Pero, de todo se aprende. Y que el acento gallego es mucho más agradable, bonito, educado y cariñoso. (Lógicamente esto no aparece en mi corcho, faltaría más, ya le gustaría)
Esto viene a cuento de que el Colegio Mayor te da muchas amigas más mayores, más maduras y más responsables que hablan de algo llamado las 'energías'. Y tú, que eres una bohemia de la vida, que usas vaqueros rotos y lees a Bukowski pues no te lo crees. Por esto de que el amor es fruto de una casualidad, que le damos demasiada importancia y que, al final, sólo cuenta el esfuerzo.
Y que sí, que hay que esforzarse, que ninguno de los puntos anteriores se habría conseguido sin esa palabrita. Pero que también es mucho más fácil esforzarse con una sonrisa en la cara diciendo "he aprobado ya todo".
Porque sí, porque yo ya lo he aprobado todo y estoy trabajando como periodista. Sólo queda que me lo confirmen.
(Y estoy con él, aunque él no lo sepa)
Para que veas, papá, que a optimismo no me gana nadie aunque leyendo esto -que sí, que sé que lo lees- te puedas crear lo contrario.
17 de enero de 2014
Jodido sentimiento.
¿Que por qué?
Porque sí te dio tiempo a dejar
huella. Porque me acostumbré a que me trataras bien y porque ahora me doy
cuenta que nunca lo habían hecho. O al menos no de la misma manera.
Nunca me habían enseñado lo que
era una relación sana, con espacios, con vidas diferentes, sin dependencia.
Nunca había experimentado lo que era sentirme suficiente, suficientemente
guapa, suficientemente lista y suficientemente válida para estar contigo. Ni si
quiera hacía falta que lo dijeras cada día. Yo misma me daba cuenta, y no sabes
lo que vale eso. Nunca me había adaptado tan bien a unos brazos, ni a unos
besos, ni a unas manos. Nunca había jugado tanto, a sabiendas que había colchón
de seguridad. Porque tú, precisamente tú, no ibas a romperme el corazón. Y de
aquí maldigo a todos y a cada uno de los que me lo prometían. Nunca había
soñado tanto, nunca había sentido tanta paz. Era como flotar ¿sabes? Como estar
segura que, por una vez, todo iba bien. Iba correcto. Que tú estabas a mi lado,
pero que podía seguir sin ti.
¿Sabes cuál es el problema?
Que soy totalmente capaz de
seguir sin ti, por supuesto. Pero no quiero. Quiero estar aquí, ahí o donde
sea. Sentirme parte de algo. Te echo de menos porque sí. Porque no es un
sentimiento tan raro y, a veces, pasa. Porque es como perder a un amigo. Y en
eso también tengo experiencia.
Te echo de menos.
15 de enero de 2014
10 de enero de 2014
Na, na, na.
Llegué. Quizás con más miedos que
experiencias, con más complejos que razones y con un corazón que gritaba en voz
alta “no, otra vez no”. No me di tiempo para entender aquello de la memoria del
corazón de García Márquez y todavía veía errores en vez de recuerdos. Llegué,
con la peor de las predisposiciones y la mejor de las intenciones, pero lo
hice. Y, acepté lo que ese “vale” significaba.
Intenté madurar contigo y, en
parte y en poco tiempo, lo logré. Conseguí mirar más allá de mí, aceptar mis
defectos y comprender mis virtudes. Desarrollé mi entusiasmo y le aplique dos
gramos de esa locura nueva que inventé como coraza. Y que acabó gustándome
tanto… Me lavé la cara y me puse colorete, porque los tres días de “dejar
sentir la tristeza” ya habían durado suficiente. Miré al frente, como hacen las
protagonistas de los libros de verano y sonreí, con ese gesto duro y
desagradable de las personas que no sabemos salir en las fotos.
No me resulta difícil no echarme
la culpa de que “esto”, fuera lo que fuera, significase lo que significase,
terminara. Yo no tuve ese mal día, ni esa mala reacción en un principio. Tuve
madurez, serenidad, palabras bonitas, sonrisas y los “tranquilo, amor”. Como si
de verdad no fuera yo la que tenía 18 años. Pero me harté.
Me harté del no saber, de las
dudas, del miedo a, de las malas contestaciones y los momentos de
invisibilidad. De sentirme menos y de estar en las malas, pero nunca en las
buenas… Convencida de que sí, me merezco más, me merecía más. Y todavía lo
pienso.
Me propuse que estuvieras feliz,
hacerte sentir bien. No puedo contestar si lo conseguí pero creo que hice un
buen trabajo. Aunque para ti nunca fuera suficiente. Y tú te propusiste que me valorara mucho más y, fíjate, en el momento en el que has dejado de hacerlo he
sabido salir corriendo.
Lo siento, siempre fui de las
alumnas empollonas. Tenlo claro, tú nunca serás un mal recuerdo.
7 de enero de 2014
Lecturas para el 2014
Nunca he estado muy a favor de las listas de "libros pendientes". Me parece que en un año te da tiempo a conocer a diez personas con sus diez libros imprescindibles, a visitar -con mucha suerte- tres Ferias del Libro y un cumpleaños, un santo y unas Navidades para que te regalen novelas que acaben desembancando a los libros que tenías intención de conocer. Aún así, aquí va un pequeño resumen de mis propósitos en lo que a lectura se refiere.
1) Acercarme, de una vez por todas, al REALISMO RUSO. Hoy, tras volver a tener a Chejov en las manos y desestimarlo, me he dado cuenta que es imprescindible. No es lo mismo Dostoyeksi que Tolstoi y, tras el fracaso con el primero, pongo a Crimen y Castigo y El idiota como posibles novelas que me ayuden a acercarme con este período. La primera por ser un clásico y la segunda tras recibir recomendaciones de una persona de la que me fío muchísimo. Si esto funciona, puede ser que me relea Madame Bovary. Para este punto utilizaré algún período de vacaciones en el que, si se atraganta alguna novela, pueda romper una de mis reglas básicas y releer algo entre medias. En cuanto a Guerra y Paz, intentaré reconciliarme con ella -me cansé a la cuarta batalla y la quinta guerra- siempre y cuando se hayan superado las anteriores.
2) Terminar la obra de FRANZ KAFKA y, si es posible, conseguir las novelas en papel. Falta El proceso, El Castillo y el Desaparecido. Los relatos cortos los leeré tal y como vayan llegando, contando ya con Carta al padre y otros escritos. Kafka también dará pie a otros autores como Camus o Sastre, de los que conozco pero poco.
3) Acercarme al TEATRO, sin más. Suena muy pretencioso englobar en este término toda la producció teatral pero, al no tener ningún enfoque directo, tengo que empezar desde cero. Shakespeare, Moliére, Lorca, generación del 27, realismo mágico teatral... todo vale en un principio. Sin embargo, aquí van unos títulos indispensables para empezar: Casa de Muñecas de H.Ibsen, Sueño de una noche de verano de Shakespeare, Yerma de Lorca y Luces de bohemia de Valle-Inclán. Las obras de Shakespeare y Moliére sería bueno conseguirlas en edición bilingüe o leerlas en español y después en el idioma orginal.
4) No obsesionarme con la LITERATURA SUDAMERICANA, ya muy rayada, pero Rayuela de Cortázar tiene que ser leído ya. Tampoco olvidar El túnel o Martín Fierro, en mi lista de pendientes mucho tiempo, ni el nuevo realismo mágico femenino como La casa de los espíritus o Como agua para chocolate. Y García Márquez aunque no hace falta que me lo proponga...
5) En literatura actual me propongo dos grandes propósitos: conocer más NOVELA NEGRA ESPAÑOLA -y francesa- y reconciliarme con la NOVELA HISTÓRICA. Para la primera parece bastantes sencillo: preguntar, preguntar y preguntar partiendo de la base que Lorenzo Silva me encanta. Mucho. Y sin olvidar a Mankell, Conelly y Cornwall. Para la segunda tengo más dudas pero bueno... seguir con Perez-Reverte y probar con El Médico de Noah Gordon ya que la película resulto excelente.
Los primeros fallos que les veo a la lista:
- No hay apenas poesía centrándose todo en la poesía que puedas encontrar en obras teatrales. Así que tocará no ser indiferentes a las Antologías que tengan buena pinta.
- No hay novela gráfica. Tan sólo se me ocurre un título -V de Vendetta- que estoy leyendo ahora mismo...
- Muchos libros son demasiado tediosos y se centrarán en verano -cuando tengo más tiempo. Pero en verano también apetece tirar de best-seller. Así que, bueno, habrá que mentalizarse... y aprovechar los viajes en bus.
- No hay literatura asiática o africana... Nunca estará de más hurgar un poco para el 2015.
- Pocas mujeres, como siempre. Y me produce rabia e impotencia a partes iguales.
Por lo demás, me permito un vicio inconfesable: la serie de Bridget Jones... Lo siento, nadie es perfecto. Y menos aún, una lectora.
5 de enero de 2014
Ojos de perro spaniel
De esto que escribes cosas, no las revisas-ni las piensas-y las publicas. Como montarse mil historia a raíz de un tenemos que hablar. Algo muy mío, la verdad...
La había visto, con la barbilla
alta, ese gesto tan altivo que alguna vez le había distinguido en sus primeras
citas. La había vuelto a oír con esa manera de hablar que te hacía creer lo que
estaba diciendo, que le hacía sonar seria. Aunque luego soltara una carcajada
entre medias y alguna palabra que él no conocía. Había vuelto a ver su pelo
claro por el sol, sus ojos tristes de perro spaniel -como tan bien había
subrayado en un libro que alguna vez le prestó- y sus labios. Aquellos que le
prometieron el cielo y el infierno, sabiendo que ya no había vuelta atrás, la
primera vez que los probó. Aunque luego sí hubo vuelta atrás…
Aprendió a olvidarla, y le dolió.
Le dolió que fuera tan fácil no cruzársela nunca más, el no haber sido capaz de
seguir con el inicio de una relación, acabarse cansando y tener que verla
llorar. Le dolió haberla visto convulsionarse porque perdía en parte su fuerza
y se veía algo pequeño. Le dolió darle la razón en silencio de lo que ella
tantas veces había premonizado: “alguna vez me romperás el corazón”. Es como si
en cada beso, en cada caricia, en cada suspiro ella lo tenía tan claro y por eso se agarraba a él con fuerza. Salvo cuando bajaba la cabeza y murmuraba cosas que nunca oyó pero que sonaban a “pero, por
favor, llévame la contraria, quédate siempre”. Pero le falló. Porque no fue capaz
o porque ella no era ella o porque cuando se lo volvió a plantear ya era muy
tarde.
Había seguido su vida a través de
fotos de reportajes, las suyas, y la ubicaba en donde ella siempre juró estar. “América
del Sur” con esa mirada de estudiante de periodismo de 18 años que todavía se
cree capaz de cambiar el mundo. Y él reía y sonreía y decía que “no, que ahí hace mucho
calor” porque tenía 20 años y era mucho más maduro. Pero al final, lo único que
pasó es que ella estaba en primera línea de fuego, con una cámara entre manos,
el moño descuidado y una pashmira sobre los hombres como sello. Y la mirada,
dura y desagradable, de una persona que nunca supo salir en las fotos. Y ahora
le tocaba reencontrarse con ella en la boda de la misma amiga que les presentó.
Lo había logrado todo, pero había
empezado a fumar. Sostenía el cigarro con fuerza y se lo llevaba a sus labios
pintados de rojo. Dejando su marca y mordiéndolo. Hablaba con todos y comentaba
anécdotas sabiéndose observada. Y, de vez en cuando, lo miraba. Y sonreía, de
una manera tan intensa que parecía que se le iba a salir de la cara. Como si de
verdad se alegrara de verle. Dos sonoros besos, un “¿qué tal todo?” y otro “perdona,
he visto a Antonio, voy a saludarle”. Lo suficiente para darse cuenta que era
la Gerda Tardo de aquel libro sobre Capa
que le había prestado entre lágrimas y que todavía guardaba, lleno de
anotaciones y de subrayados. “El jodido húngaro”.
Y también la había visto llorar,
en un escalón, intentando no estropear el maquillaje y con los tacones ya
tirados por el suelo. Con el moño completamente deshecho para mostrarle aquella
mirada, ya no dura y desagradable, que firmaban sus crónicas siempre llenas de rabia.
Y, esta vez, se sintió él pequeño. A sabiendas que no, que no era ella Tardo
sino Capa y que había sido él lo suficientemente cobarde para largarse y no
contestar a ese “te quiero”. Con ojos de perro spaniel, una fotografía y una
mueca disfrazada de sonrisa.
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