- Estudiar Periodismo en Madrid, desde que tenía ocho años y descubrí que quería aportar en la cola del paro. Y lo tuve siempre tan claro -aunque a veces no me lo creía- que me da esa sensación de paz cuando pienso que sí, joder, que lo estoy haciendo.
- Vivir en el extranjero. Es verdad que esto se me adelanto un poquito y esperar esperar nunca lo esperé. O al menos nunca me vi con 15 años en Noruega y, quien me lo iba a decir, ahora ese país es algo más que el salmón, los fiordos y Mette-Marit.
- Ir a París. Desde que empecé a estudiar francés -benditos ocho años- me lo propuse. Lo que tampoco esperaba es que vendrían también Londres, Bruselas, Eupen, Roma, Florencia y Venecia.
- Sacar Matrícula de Honor en Bachillerato. Y en la E.S.O.
- Tener un novio madrileño. Y lo reconozco, de las peores experiencias de mi vida. Pero, de todo se aprende. Y que el acento gallego es mucho más agradable, bonito, educado y cariñoso. (Lógicamente esto no aparece en mi corcho, faltaría más, ya le gustaría)
Esto viene a cuento de que el Colegio Mayor te da muchas amigas más mayores, más maduras y más responsables que hablan de algo llamado las 'energías'. Y tú, que eres una bohemia de la vida, que usas vaqueros rotos y lees a Bukowski pues no te lo crees. Por esto de que el amor es fruto de una casualidad, que le damos demasiada importancia y que, al final, sólo cuenta el esfuerzo.
Y que sí, que hay que esforzarse, que ninguno de los puntos anteriores se habría conseguido sin esa palabrita. Pero que también es mucho más fácil esforzarse con una sonrisa en la cara diciendo "he aprobado ya todo".
Porque sí, porque yo ya lo he aprobado todo y estoy trabajando como periodista. Sólo queda que me lo confirmen.
(Y estoy con él, aunque él no lo sepa)
Para que veas, papá, que a optimismo no me gana nadie aunque leyendo esto -que sí, que sé que lo lees- te puedas crear lo contrario.

No hay comentarios:
Publicar un comentario