23 de enero de 2014

Mucho mejor.

Hay días que, con mucha suerte, acaban.

Noches que se retrasan por medio de una lista de cosas a medio hacer. Cansancio acomulado en la espalda, en los ojos y en el corazón. Tú marcas los tiempos, o al menos eso crees. Hay veces que no controlas lo que te envuelve, lo que te rodea, ni tu nota de lengua. Suenan canciones determinadas en momentos específicos. Y parece que todo se derrumba.

Mañana no tiene mejor pinta. Rodeada de desorden, de gente que sonríe pero no ayuda, te tocará levantarte a las siete y media a memorizar temas de sociología sin fin. Echar de menos ha dolido mucho más antes pero jamás con esa rabia. Esa impotencia, ese nudo en el estomágo.

"Quitarme las gafas y que sea la vida la que se encargue de ponermelas cuando haga falta" reza un trozo de papel en tu corcho. Suena a algo que escribiste en la Moleskine, a una llamada de telefono con Cris y a una felicidad momentanéa. Vivimos de ellas.

Sólo quieres estar sola, un rato, o con esa persona. Pero ni está ni la soledad es buen aderezo para la vida. Así que toca sonreir, levantarse mañana y buscar motivos. Que siempre los hay.

Estoy muy orgullosa de ti, de tus caídas y todas las veces que te levantas. De que no hayas dejado de comer, y de que sepas lo que vales. Lo que mereces.

Eres grande, Marta. Por el simple hecho de que quieres que hoy acabe porque sabes que mañana será mejor.

Mucho mejor.

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