
Hay un truco para que el dolor deje de doler. Muchas personas te dirán que basta con sonreír hasta morirte. No te lo recomiendo, acababa con un dolor de mejillas que no era normal. Otras tantas, se unirán al carro de que disfrutes de los pequeños placeres de la vida. Nunca me gusto esta opción, te pasas toda una vida buscándolos para que luego cuando lleguen no te des ni cuenta. Mi opción es mucho más práctica; no se trata de disfrutar la vida al máximo, ni de rodearse de gente, ni de buscar lo que te hace sentir bien. Yo, lo que hago es imaginar. Crear, pensar, reflexionar. Inventarte una vida, un sueño, un futuro, o si te atreves un mundo. Que tú seas el dueño de todo esto y mucho más, el único pasajero del tren, los grumos de café olvidados. Hombre, tiene sus inconvenientes, por ejemplo el que luego la realidad puede verse afectada debido a la perfección de la ficción. Busca y saca tiempo para ti, para lo que tu más quieras. Descubrirás que un paseo puede ser la experiencia más revitalizante del mundo. Y cuando, por fin creas que el dolor ha terminado, te darás cuenta de que te conoces más que a nadie. O si no, siempre puedes leer un libro.
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