27 de octubre de 2011

Future time.


Llegará un momento en el que nos demos cuenta de lo que poco a poco hemos ido construyendo. Aquel en el que ser diferente, especial o distinto supone un handicap. Un mundo en el que el más listo de la clase nunca se sentirá el más valorado. Donde triunfa más la mediocridad que cualquier otra cosa. Me gustaría creer que esto es solo la adolescencia, que no es real y que cuando salga ahí fuera voy a poder ser lo que quiera. Lo que soy, lo que valgo. Que el futuro no son un montón de maniquis catalogados, todos iguales. Me gustaría haber nacido en un lugar, o en un tiempo donde hubiera un periódico escolar. Donde se dieran ayudas a los buenos estudiantes. Donde hubiera más y más retos. Seguid preguntando que es lo que falla. Seguid buscando un por que. Porque no os dais cuenta que el problema no es ni más ni menos que no merece la pena destacar. Porque los palos te los siguen dando igualmente.

A veces me pregunto si vale la pena alzar la voz, por ahora me conformo en hacerlo por palabras.

21 de octubre de 2011

Cuando todo duele




Ha pasado mucho tiempo desde el primer día. Y ha llovido tanto. Ahora entiendo que nunca tuve que haberlo intentado. Que el chocolate estaba más rico cuando no sufría por tomarlo, que las sonrisas con los ojos eran las que más disfrutaba, que los libros de mi mesilla nunca tuvieron que ser guardados. He comprendido lo que es perder, lo que es levantarte y volver a caer. He descubierto que hay canciones con las que puedes llorar, que soy buena con las palabras. Me he dado cuenta que los amigos no son para siempre, y que la familia no siempre está. He llorado mil y una lágrimas, de esas sin sentido, me he armado de valor para hacer cosas que nunca creí posible. Y ahora soy capaz de aguantar cualquier tormenta que se me ponga por delante. Quiero escapar, a mil nudos por hora, dirección poniente, y con el mar escampado. Quiero encerrarme en un libro y olvidar mi historia. Ahora, me he dado cuenta que mis sueños son compatibles con la realidad, la mía. Y es entonces, cuando comprendo que estoy en un bucle cerrado y sin salida, cuando quiero escapar y seguir hacia delante. Hacia donde me lleve el viento.


19 de octubre de 2011


Hay un truco para que el dolor deje de doler. Muchas personas te dirán que basta con sonreír hasta morirte. No te lo recomiendo, acababa con un dolor de mejillas que no era normal. Otras tantas, se unirán al carro de que disfrutes de los pequeños placeres de la vida. Nunca me gusto esta opción, te pasas toda una vida buscándolos para que luego cuando lleguen no te des ni cuenta. Mi opción es mucho más práctica; no se trata de disfrutar la vida al máximo, ni de rodearse de gente, ni de buscar lo que te hace sentir bien. Yo, lo que hago es imaginar. Crear, pensar, reflexionar. Inventarte una vida, un sueño, un futuro, o si te atreves un mundo. Que tú seas el dueño de todo esto y mucho más, el único pasajero del tren, los grumos de café olvidados. Hombre, tiene sus inconvenientes, por ejemplo el que luego la realidad puede verse afectada debido a la perfección de la ficción. Busca y saca tiempo para ti, para lo que tu más quieras. Descubrirás que un paseo puede ser la experiencia más revitalizante del mundo. Y cuando, por fin creas que el dolor ha terminado, te darás cuenta de que te conoces más que a nadie. O si no, siempre puedes leer un libro.

18 de octubre de 2011

Comencemos, pues.


Me gusta el verde. Dicen que es el color de la esperanza, del futuro, de los sueños. Y creo que eso no se ajusta precisamente a mi persona. No soy una chica a la que encuentras un sábado de fiesta. Probablemente a esa hora, este en el sofá viendo Anatomía de Grey mientras me tapo con una manta. No me considero una persona cobarde, sino todo lo contrario. Sólo que mi valentía no es como la que todos piensan. Aprendí a sonreír hasta cuando por dentro me estaba partiendo en dos, pero nada de esto fue un camino de espinas. Soy de las que piensan que las sonrisas se notan en los ojos. Me mancho la comisura con chocolate y me gustaría tener una talla 36 de pantalón. Que le vamos a hacer, la vida tiene sus reglas. Y a mí me toco colocarme en la parte de atrás. Prefiero el silencio a las palabras, escribir a hablar, y soñar a actuar. Me gusta merodear, y esto es en parte porque Harry Potter me marcó. Los ciervos, perros y lobos. El rojo y el dorado. El negro y el gris. El verde de los ojos de Lily. Todo esto unido a un poco de magia conforman mis armas.