5 de diciembre de 2013

Machimonguer versión bachillerato.

(Aunque hace dos meses 'y pico' que ya no tengo 17 años, aquí está)

Tengo 17 años. Son las cinco en punto de una tarde de Abril en una ciudad del sur de España. Me explico, hace mucho calor. Necesito una camiseta de tirantes para soportarlo y con ella se ve… ¿qué coño? Llevo escote porque me gusta cómo me queda  y porque yo puedo enseñar lo que me da la gana. Faltaría más. El caso es que actúo como voluntaria en un festival de teatro greco-latino para estudiantes de instituto (malditos seamos) y me toca sostener un cartelito con una gran E para diferenciar los distintos lugares de las gradas. No me hace falta llevar las gafas de sol graduadas para verlo bien. Moreno, más bien alto, cuerpo de gimnasio (ejem, ejem, inyectado en helio), gorra con la visera para atrás y camiseta de los Lakers. Sujeta en ambos brazos a dos muchachas que ríen constantemente. “Machimonguer versión bachiller localizado”. Mi mente se pone en alerta y contemplo con tristeza como acude hasta mi sección.  Por su cara cruza una rápida sonrisa y en seguida fija su mirada en una parte concreta  de mi cuerpo. 
-Hola, guapa. 
-Por favor procurad ocupad todos los sitios antes de ir hacia otra fila.-contestó secamente mirando a las chicas que van con él.
-¿Llevas la E de Edu? Eso es el destino, nena.
No soy capaz de contestarle que no soy nena de nadie y mucho menos de él. Y eso me enrabieta aún más. Sin embargo, su misión de amargarme la tarde no termina ahí y lo siguiente que empiezo a recibir son miradas a mi culo y comentarios del tipo “estaríamos mejor en el baño”, “¿no te apetece sentarte un rato con nosotros?”, etc, etc…  Intento mantener el tipo como puedo porque está mal que me ponga a pegarle con el cartel. La gota colma el vaso cuando una de sus amigas me suelta un: “Que seca eres, encima que te dice cosas bonitas.” Me dan ganas de decirle a esa chica que piropear a una mujer debido a aspectos meramente externas no es ‘algo bonito’. Es acoso y machismo. Me lo hace por el simple hecho de que no tengo pene y él se considera en una posición superior que le da derecho a decirme lo que le dé la gana. Porque cuando dices algo bonito no quieres hacer sentir mal a nadie y, a lo mejor tengo un problema mental, no me gusta que un tío empiece a decirme lo mucho que me follaría cuando yo no me acercaría a él ni a trescientos metros.
Regreso a mi casa alicaída por el momento vivido. Más que por el tío en cuestión, por la reacción de las amigas: incapaces de decirle que parara aún sabiendo (porque era de cajón) que yo no lo estaba pasando bien. Cuando comento lo ocurrido con mi madre recibo un “es que esa camiseta te marca mucho el pecho”. Sinceramente, me gustaría vivir en un mundo en el cual el machismo no fuera justificable por la ropa que lleve la mujer en concreto. Supongo que hubiera hecho mucho más bien mandándole a él y a sus amigas a la más grande de las mierdas (o al Hades, ya que estábamos). Por ahora, me conformo con escribirlo: Iros a tomar por el culo. 

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