5 de noviembre de 2013

'vas a muerte y nunca te cubres'

Ya es de noche y hace falta poner el radiador. Alguien dijo que Quique González era lo mejor para cuando querías ponerte nostálgica. Bah, menuda tontería, fui yo la que lo afirma en cada una de las páginas que jamás ven la luz. Lo que sí dicen es que cuando tomas algo con muchas ganas es más fácil que llegue a lo que se denomina desilusión. Que le den a las palabras, me niego a sentir eso. El artículo de antes no es perfecto, ni de los mejores y probablemente dentro de un tiempo esté más que archivado. En cuanto a éste…

Corea del Norte nunca tuvo voz, o por lo menos nunca en mi vida. Ya son muchos los que han escuchado de mis ojos brillantes el “tan sólo preguntar ¿por qué?” Aquel día no iba a ser distinto, pero en cierto modo, lo fue. En cierto modo, Corea iba a hablar.

Pero no lo hizo sino que soltó un discurso político que sabías que no era verdad. Ni siquiera se preocupó por mentir sino que esquivó de una manera especial los temas que no convenían, los que tú querías que fueran negados con algo más que palabras. (Y mira que me gustan las palabras). Corea del Norte se mostró machista, organizada y cabreada, sin el halo de misterio, magia e indecisión que te producen las cosas que no alcanzas a comprender del todo. Quizás él no lo sabía, pero su voz chillona, su pequeña estatura y su pelo de cazón era la única posibilidad que yo, con mis 18 años, mi periodismo y mi Madrid, tenía de oír a un país del que siempre quise escribir. No es rabieta de ‘jope, no es lo que yo creía’, es la sensación de escuchar lo que ya has leído con un tono infantil.

Supongo que tocará esperar a que termine de sonar Quique González para ponerlo mañana con mejor estado de ánimo, porque Quique siempre suena. Darme un tiempo y ver que esto no tiene por qué ser todo. Que mi jugador de baloncesto, mis ganas de viajar allí, mis libros y mi trabajo sobre el fútbol todavía pueden mantenerse en pie. Como la pesca del salmón en Yemen. Supongo, porque hoy, a las 20:03, llevo diez años más de desilusión en cada pata. Jodida palabra.


(Para Takeru y, sobre todo, para Yamato; porque seguiré buscando vuestra voz)

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