4 de julio de 2013

Carmen, te quiero.


No hace falta decir su nombre porque  la habéis conocido. Quizás no en el mismo lugar donde lo hice yo, y quizás no de la misma manera pero estoy segura que habéis visto su sonrisa, y sus ojos llenos de vida y esa manera de ser,  tan suya, cuando nadie la está mirando. Sin embargo, hoy os quiero hablar de ella porque me da mucho miedo que su historia se pierda y todo lo que un día me dio desaparezca de mi memoria. 

Llamémosla Lidia, aunque sepamos que no es su nombre verdadero y conozcámosla en un primer día de instituto, a pesar de que la conocieras en un bar.  Hablemos de su cuerpo pequeño, de su pelo castaño y de sus manos frías. De sus gestos tímidos al principio y de cómo nos reíamos a carcajadas pasado el primer mes. Crezcamos con ella (porque lo hicimos), maduremos, descubramos la adolescencia, a los malos profesores, las llamadas de teléfono, los cabreos y los complejos. Deja que los caracteres choquen, aunque te enerve que sea tan despreocupada y a ella le moleste tu voz de pepito-grillo incesante. Deja que se equivoque, que se enamore del cantante de moda a pesar de que le odies, que no te moleste que no comparta tus ideas políticas, obvia sus pequeños defectos porque ella ha obviado tus grandes. 

Despídela cuando se tenga que ir a vivir a otra ciudad y márcate el propósito de llamarla una vez a la semana. 

No hagas como yo. No dejes que los exámenes te hagan no coger el teléfono tan a menudo, ni dejes interesarte jamás por sus ‘líos de pantalones’, como tan bien los definiste una vez. 

Extráñate cuando su nuevo “novio” te pida amistad en FB y hazlo mucho más cuando empiece a preguntarte por los ex de Lidia. Cuando te lo presente no pongas sonrisa falsa al notar cosas raras en su forma de ser, y de tratarla. Si al salir con ella un viernes de julio él la llama cada media hora, dile que no es ni medio normal. Y no te achantes si Lidia lo justifica diciendo que “no has tenido novio, es que no sabes lo que es” porque cuando lo tengas sabrás que no es lo normal. Apóyala cuando ella, harta de sus celos, se vaya con otro. Apóyala mucho porque te necesita en ese momento más que nunca, aunque te parezca que no. Más tarde descubrirás que él la seguía llamando, que lloraba amenazando con suicidarse y que se llego a poner un cuchillo en las venas. Lo sabrás porque Lidia volverá con él, le dará una nueva oportunidad y dirá que es el amor de su vida. Y a partir de entonces todo será peor. Dejarás de recibir sus llamadas semanales, y las veces que intentes hablar con ella por FB descubrirás que es en realidad su novio el que está al otro lado de la pantalla. Perderás el rastro de su vida, y muchas veces te preguntarás si la sigue teniendo. Oirás hablar de los mensajes diarios y leerás las publicaciones en el muro que rezan que él se alegra de que Lidia haya cambiado, que haya mejorado. Y un buen día, Lidia se cambiará de móvil, o de casa, y la habrás perdido para siempre.

No dejes que eso ocurra. Llámala cada día si hace falta. Déjala que se equivoque, sí, pero estate cerca por si la caída es muy fuerte. No dejes que él se haga dueño de su vida, ni de sus sonrisas ni de sus ojos. Tampoco te achantes si te llaman ‘exagerada’ y no tengas miedo a meterte en ‘cosas de pareja’. No la pierdas.  Hazlo por Lidia, por la mía y por la tuya. 

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