9 de abril de 2013

Across the universe. Los movimientos sociales.

Sostuviste un cartel que rezaba: “Figthing for peace is like fucking for virginity”. Y entonaste en voz alto que solo necesitabas “peace and love” en el festival de Wedwoostck. Fue necesario, porque el mundo se estaba volviendo loco y había centenares de muertos cada día. Estaban tan lejos, quizás nunca te preguntaste dónde estaba Vietnam, pero de pronto aquel soldado al que llamaban “Jhonny” podía ser tu novio, o tu hermano, o incluso tu hijo. La televisión te mostraba cadáveres de una guerra que veías innecesaria. Tu no ganaste la Segunda Guerra Mundial y ya “no te preocupaba lo que podías hacer por tu país, sino lo que tu país podía hacer por ti.” El mundo estaba girando, demasiado lento para tu gusto y demasiado rápido para tu madre; pero ahora mismo eran los Beatles los que sonaban por la radio y sólo necesitabas amor. Y cambiar el mundo. Saliste a la calle, y quizás encontraste tu refugio en el llamado movimiento hippie. Te hiciste preguntas. Las respondiste con mayor o menor claridad. Y de pronto encontraste que había una vía, que tu lucha podía llevar a la paz y que existía un nosotros que te englobaba y te hacía sentir más a salvo. Y te tiraste a la piscina. Con el flotador de estar formando parte de algo muy grande que se extendía, no solo en tu país sino más allá, más lejos, a través del universo.
Necesitabas una causa, algo que te moviera a hacerlo, una necesidad y un fin. Que tuviera tanta fuerza, tantas ganas y tanta pasión que moviera a millares de jóvenes de todo el mundo. Por una vez te viste, os visteis, con la fuerza necesaria para influir en el Estado y lograr algo solo con un ideal como bandera. Pero el resultado no iba a ser tan fácil. A lo largo de la historia habían tenido lugar varios movimientos sociales que habían intentado cambiar las tornas y dejar atrás una sociedad determinada. Para que un movimiento social resulte necesita de dos cosas: una necesidad y una finalidad. Y vosotros las tenías, por supuesto que sí. La necesidad era clara: no a la guerra, no a la necesidad imperiosa de cambiar a un país que no quería ser cambiado. No os valía la imagen de “Uncle Sam” señalándoos y diciendo que os quería. Ni tampoco ese espíritu americano de querer solucionarlo todo a su manera. Ni vuestros padres ni abuelos lo entendieron nunca, pero quisisteis volar (aunque fuera con heroína) hacia un mundo donde se pudiera estar con diamantes en el cielo. Y que a la misma vez fuera más pacífico, más bonito, más libre y más justo. Creíste y luchaste por ello. Por eso ahora te da rabia pensar que ese movimiento “fracasó”, terminó y nunca logró su cometido.
Al principio empezaba a señalártelo gente que te esperabas. Pero de pronto hasta la persona que había gritado contigo en la calle te lo recordaba: esto no iba por el lugar correcto. Fue como en la película: un Jude cualquiera entró a tu cuarto diciéndote que una revolución pacífica nunca podría ser violenta. Quizás en la película entraba un poco loco y desesperado, pero era porque él también tenía miedo. Miedo de que la revolución y el cambio por el que todos soñabais se estancaran, o pasaran a convertirse en lo contrario. En la pequeña oficina se colgaba un cartel de Mao, y no os dabais cuenta de que Mao significaba todo lo contrario por lo que debíais luchar. Porque en una revolución pacífica los medios son los que deben brillar y no el ansiado fin que puede quedar fácilmente desteñido por unos caminos incorrectos. Los Beatles te volvían a cantar, y esta vez para decirte que todos querían cambiar el mundo y que a la misma vez nadie era poseedor de la verdad absoluta para decidir quién o que se merecía ser mártir. En aquel momento pusiste el grito en el cielo y sollozaste, como Lucy, que el fin estaba muy próximo y que habíais trabajado mucho para que ahora lo echaran todo para atrás. Pero un  día los viste, y es ahora cuando te das cuentas de que tu también descubriste de la peor manera que todo había acabado. Porque una bomba clandestina en un pequeño piso alquilado no podía ser lo más adecuado. Ya no era tu madre gritándote por teléfono que aquello estaba perdido, y tanto tú como la pequeña Lucy comprendisteis que algo había fracasado.
Sin embargo, tuvo que pasar mucho tiempo para que te dieras cuenta de que nada fracasó por completo. Y que como en toda buena película siempre tiene que haber una escena final: aquella en la el protagonista escucha “Hey, Jude” y se sube a una azotea para convencer a todo el mundo, policías incluidos y a Lucy en particular aquello de “All you need is love”. Ese último concierto después de superar la paradoja final de que fue la propia paz la que llevo a la violencia y a la muerte por medio de un método incorrecto. Y en ese momento es el protagonista el que te grita al oído que a fin de cuentas si hubo un cambio. Sabes que la revolución está llegando a su fin cuando ves esa parte de película, porque te acuerdas del último concierto de los Beatles en una azotea quedando como imagen mítica. Ellos se separaban, y con eso despedían una revolución y un movimiento que dejo a algunos rezagados que todavía hoy siguen viviendo como si estuvieran en los setenta. Aún así ese concierto final nunca supuso un fin, y el movimiento hippie y pacifista del que puedes decir que formaste parte influyó más que ningún otro. Quizás ayudo la muerte de John Lennon y su posterior traspaso a mito, o las miles de películas crudas y desgarradas que criticaron (años después) la Guerra de Vietnam, o quizás es el hecho de que hasta tus hijos canten ahora ‘Strawberry Fields’ sin saber lo que esa canción pudo significar en aquel tiempo…
Llegó a través del universo, no solo la imagen de la guerra sino también la respuesta de millones de jóvenes. A lo mejor, el error fue necesario para que todo el mundo se diera cuenta de lo peligroso que era la exaltación y lo importante que es que nunca nadie se olvide que una revolución pacífica no puede perder la paz de ninguna manera. También fue necesario mostrarle al mundo, y a ‘los que mandan’ que el pueblo puede responder cuando no están de acuerdo con algo. Pero sin embargo no te deja de extrañar la cruda ironía de la realidad, aquella que hizo que la violencia acabara con esa revolución que aseguraba que “Figthing for peace is like fucking for virginity”.

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