Sostuviste un
cartel que rezaba: “Figthing for peace is like fucking for virginity”. Y entonaste en voz alto que solo necesitabas
“peace and love” en el festival de Wedwoostck. Fue necesario, porque el mundo
se estaba volviendo loco y había centenares de muertos cada día. Estaban tan
lejos, quizás nunca te preguntaste dónde estaba Vietnam, pero de pronto aquel
soldado al que llamaban “Jhonny” podía ser tu novio, o tu hermano, o incluso tu
hijo. La televisión te mostraba cadáveres de una guerra que veías innecesaria.
Tu no ganaste la Segunda Guerra Mundial y ya “no te preocupaba lo que podías
hacer por tu país, sino lo que tu país podía hacer por ti.” El mundo estaba
girando, demasiado lento para tu gusto y demasiado rápido para tu madre; pero
ahora mismo eran los Beatles los que sonaban por la radio y sólo necesitabas
amor. Y cambiar el mundo. Saliste a la calle, y quizás encontraste tu refugio
en el llamado movimiento hippie. Te hiciste preguntas. Las respondiste con
mayor o menor claridad. Y de pronto encontraste que había una vía, que tu lucha
podía llevar a la paz y que existía un nosotros que te englobaba y te hacía
sentir más a salvo. Y te tiraste a la piscina. Con el flotador de estar
formando parte de algo muy grande que se extendía, no solo en tu país sino más
allá, más lejos, a través del universo.
Necesitabas una causa, algo que te moviera a hacerlo, una
necesidad y un fin. Que tuviera tanta fuerza, tantas ganas y tanta pasión que
moviera a millares de jóvenes de todo el mundo. Por una vez te viste, os
visteis, con la fuerza necesaria para influir en el Estado y lograr algo solo
con un ideal como bandera. Pero el resultado no iba a ser tan fácil. A lo largo
de la historia habían tenido lugar varios movimientos sociales que habían
intentado cambiar las tornas y dejar atrás una sociedad determinada. Para que
un movimiento social resulte necesita de dos cosas: una necesidad y una
finalidad. Y vosotros las tenías, por supuesto que sí. La necesidad era clara:
no a la guerra, no a la necesidad imperiosa de cambiar a un país que no quería ser
cambiado. No os valía la imagen de “Uncle Sam” señalándoos y diciendo que os
quería. Ni tampoco ese espíritu americano de querer solucionarlo todo a su
manera. Ni vuestros padres ni abuelos lo entendieron nunca, pero quisisteis
volar (aunque fuera con heroína) hacia un mundo donde se pudiera estar con
diamantes en el cielo. Y que a la misma vez fuera más pacífico, más bonito, más
libre y más justo. Creíste y luchaste por ello. Por eso ahora te da rabia
pensar que ese movimiento “fracasó”, terminó y nunca logró su cometido.
Al principio empezaba a señalártelo gente que te esperabas.
Pero de pronto hasta la persona que había gritado contigo en la calle te lo
recordaba: esto no iba por el lugar correcto. Fue como en la película: un Jude
cualquiera entró a tu cuarto diciéndote que una revolución pacífica nunca
podría ser violenta. Quizás en la película entraba un poco loco y desesperado,
pero era porque él también tenía miedo. Miedo de que la revolución y el cambio
por el que todos soñabais se estancaran, o pasaran a convertirse en lo
contrario. En la pequeña oficina se colgaba un cartel de Mao, y no os dabais
cuenta de que Mao significaba todo lo contrario por lo que debíais luchar.
Porque en una revolución pacífica los medios son los que deben brillar y no el
ansiado fin que puede quedar fácilmente desteñido por unos caminos incorrectos.
Los Beatles te volvían a cantar, y esta vez para decirte que todos querían
cambiar el mundo y que a la misma vez nadie era poseedor de la verdad absoluta
para decidir quién o que se merecía ser mártir. En aquel momento pusiste el
grito en el cielo y sollozaste, como Lucy, que el fin estaba muy próximo y que
habíais trabajado mucho para que ahora lo echaran todo para atrás. Pero un día los viste, y es ahora cuando te das
cuentas de que tu también descubriste de la peor manera que todo había acabado.
Porque una bomba clandestina en un pequeño piso alquilado no podía ser lo más
adecuado. Ya no era tu madre gritándote por teléfono que aquello estaba
perdido, y tanto tú como la pequeña Lucy comprendisteis que algo había
fracasado.
Sin embargo, tuvo que pasar mucho tiempo para que te dieras
cuenta de que nada fracasó por completo. Y que como en toda buena película
siempre tiene que haber una escena final: aquella en la el protagonista escucha
“Hey, Jude” y se sube a una azotea para convencer a todo el mundo, policías
incluidos y a Lucy en particular aquello de “All you need is love”. Ese último
concierto después de superar la paradoja final de que fue la propia paz la que
llevo a la violencia y a la muerte por medio de un método incorrecto. Y en ese
momento es el protagonista el que te grita al oído que a fin de cuentas si hubo
un cambio. Sabes que la revolución está llegando a su fin cuando ves esa parte
de película, porque te acuerdas del último concierto de los Beatles en una
azotea quedando como imagen mítica. Ellos se separaban, y con eso despedían una
revolución y un movimiento que dejo a algunos rezagados que todavía hoy siguen
viviendo como si estuvieran en los setenta. Aún así ese concierto final nunca
supuso un fin, y el movimiento hippie y pacifista del que puedes decir que
formaste parte influyó más que ningún otro. Quizás ayudo la muerte de John
Lennon y su posterior traspaso a mito, o las miles de películas crudas y
desgarradas que criticaron (años después) la Guerra de Vietnam, o quizás es el
hecho de que hasta tus hijos canten ahora ‘Strawberry Fields’ sin saber lo que
esa canción pudo significar en aquel tiempo…
Llegó a través del universo, no solo la imagen de la guerra
sino también la respuesta de millones de jóvenes. A lo mejor, el error fue
necesario para que todo el mundo se diera cuenta de lo peligroso que era la
exaltación y lo importante que es que nunca nadie se olvide que una revolución
pacífica no puede perder la paz de ninguna manera. También fue necesario
mostrarle al mundo, y a ‘los que mandan’ que el pueblo puede responder cuando
no están de acuerdo con algo. Pero sin embargo no te deja de extrañar la cruda
ironía de la realidad, aquella que hizo que la violencia acabara con esa
revolución que aseguraba que “Figthing for peace is like fucking for virginity”.
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