Los que me conocen saben bien que
no salgo a la calle por nimiedades, ni me manifiesto en vano. Para que defienda
una causa me tiene que parecer justa, y aunque no lo crea mataré para que la
puedas expresar. Pero rara vez me pondría en primera línea de fuego, dispuesta
a recibir palos y con la cabeza bien alta. Excepto que los involucrados sean
una mujer a la que obliguen a subyugarse o un libro. Y con un libro me refiero
a todos y cada uno de los que conforman la gran herencia que tenemos la suerte,
y es mucha, de recibir. Me refiero desde la literatura ‘hermana’ sudamericana hasta nuestro mejor icono: Cervantes. Desde la
fantasía hasta el realismo ruso, o el mágico. Desde Poe hasta Verlaine.
Haciendo parada en cada uno de los escalones que nos ofrece. Y en Harry Potter,
que para algo me gusta. Hoy no es 23 de Abril, y por eso quiero manifestarme en
completa defensa de los libros.
A la gente que nos gusta leer no
necesitamos un día especial para hacerlo. Tampoco queremos que se nos reconozca
de ninguna manera especial. No queremos ser salvadores de nadie porque
comprendemos que es imposible conocer la verdad y que un buen día lo que creías
cierto puede eliminarse. A la gente que nos gusta leer normalmente nos suele
gustar la filosofía y la historia, y por ello tenemos una visión precavida
sobre el mundo en general. Y no quiero quedar como prepotente porque también
sabemos que leer no nos pone en una situación más feliz. La gente que leemos
sabemos cuando algo está acabado y lo terminamos, aunque duela, porque estamos
acostumbrados a la dura sensación de cerrar la tapa de un libro. Conocemos lo
que es el desamor, aunque no lo hayamos vivido, y también hemos sentido morir a
un amigo cuando nuestro personaje favorito lo hace. Para una persona que lee no
hay viaje aburrido ni problema que le supere. Somos capaces de reconocer un rastro
de nuestro libro especial en cualquier situación. Queremos vivir nuestra propia
historia y al no encontrarla pedimos refugio en otro libro nuevo. Con ese olor.
La libertad como concepto bien
vale de poco si el pueblo no es libre. Un pueblo que lee jamás será sometido
porque conoce la sensación de libertad. La ha leído. No conviene que leamos,
las personas que lo hacemos somos gente molesta y extraña que se pregunta
demasiado. Leí hace cuatro años que ‘rebeldía es leer’, y fue curioso porque
jamás pensé que esa frase podía ser utilizada en mi persona. Y sin embargo, estaba leyendo… Puede que me
repita, pero en ese momento yo era un individuo y era libre.
Y por eso me manifiesto, porque
no quiero que me quiten esa sensación jamás. Porque quiero seguir siendo una
rebelde y porque quiero que el mundo sea un lugar un poco más bonito. Y eso
sucede cada vez que un niño abre un libro por primera vez. Así que si son
necesarios miles Días del Libro para que eso suceda los celebraré todos y cada
uno de ellos. Y si hace falta regalar miles de libros, lo haré. Y alguna rosa,
también.
@marta_451

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