20 de abril de 2013

Detrás de la máscara.


"Nuestra integridad vale tan poco… Pero es todo cuanto realmente tenemos, es el último centímetro que nos queda de nosotros, si salvaguardamos ese centímetro somos libres. […] Moriré aquí, cada centímetro de mí perecerá, cada centímetro… salvo uno. Un centímetro, algo pequeño y frágil, y lo único que merece la pena conservar en el mundo.Nunca debemos perderlo o entregarlo, nunca debemos dejar que nos lo arrebaten…" (V de Vendetta)

Querida Valérie:

En mi mundo se pueden recibir rosas, besos y abrazos de la persona que quieres. No hay opresión y la cara de un dictador no aparece retratada en todas y cada una de las casas. Tampoco hay toque de queda, y todo lo diferente está amparado bajo una misma ley. No me siento arrodillada.  Pero no todo es lo que parece.

En mi mundo el presidente que me representa, bonita palabra, aparece todos los días en la pantalla de un televisor. No en la de mi casa, sino en una sala de prensa. Se pone la máscara. La prensa no se queja de que esto ocurra, se limitan a apuntar distraídos las palabras en las que abundan los términos “democracia”, “libertad” y “justicia”. Esa misma prensa no tiene reparos a ocultar, o manipular, algo tan serio como un atentado. O el inicio de una guerra. Se ponen la máscara. En mi mundo no está bien que una mujer vaya a las cinco de la madrugada sola por la ciudad. Los padres prefieren prohibirle que lo haga a pensar porque se da por hecho que un hombre le vaya a hacer daño. Se ponen la máscara. En mi mundo se respeta aparentemente lo diferente. Sin embargo, hay que eliminar el griego y la filosfía de las aulas. Porque hacen pensar, porque crean un ejército de gente molesta e inconformista que puede obligar a los que están arriba a quitarse la máscara. Porque es mucho más sencillo hacer que memoricen leyes sin que se pregunten si esas leyes van acorde con su integridad. Bonita palabra ¿verdad?

La integridad no existe en mi mundo. Es más normal que una persona acepte un trabajo aunque vaya contra sus ideales a rechazarlo e irse con la cabeza bien alta. La gente cede a que le pongan una máscara y que le obliguen a pasearse con ella si con eso consiguen el llamado ‘estado de bienestar’. Los adolescentes estudian lo que sus padres les obligan y aplauden que quiten una asignatura que no dan. A veces les molesta su existencia. Les molesta porque es esa asignatura en concreto la que hace que nunca perdamos el único centímetro que hay que conservar. Y porque les hace darse cuenta que ellos lo están perdiendo cada vez más. “Ser de letras” es casi un insulto. Salvo para los que lo somos.

Tengo miedo, Valérie. Miedo a que mi mundo se vuelva cada vez más parecido al tuyo porque falte gente como tú. Gente capaz de justificarr toda una vida con una idea por bandera. Gente capaz de ser ella misma, le pese a quien le pese. Gente que no se deje manipular. Gente que rechace esa máscara y se ponga otra. La de la libertad, lo único por lo que merece la pena morir.

Marta.

(Gracias a Diego por tener esta película entre sus favoritas. Porque me ha hecho pensar, algo que sucede mucho, y replantearme cosas, algo que no sucede casi nunca. Y por su ayuda. En los títulos y en muchas cosas más.) 

No hay comentarios:

Publicar un comentario