No soy republicana.
Y puede ser que a mucha gente
deje de interesarles mis palabras al oír esto. No creo en una contradicción de
blanco y negro. La historia nos ha mostrado que es muy peligrosa y, justo hoy,
me toca estudiar la proclamación de la II Républica Española. Debería estar
estudiando, lo sé, pero no dejan de pasarme ideas por la cabeza. No iba a
escribir esto, quería dedicar unas palabras a este día y tenía un maravilloso
personaje femenino en mente. Su estudio me ha costado más de unos cabreos, pero
me parecía tan interesante, tan delimitado y tan claro que quería usarlo. Y sin
embargo, no he podido escribir sobre ella. Sintiéndolo mucho, hoy me apetece escribir sobre mí y doy por hecho que no va a resultar igual de interesante que
mi idea inicial.
Soy cartagenera, quizás demasiado
orgullosa de provenir de una ciudad donde siempre hemos salido perdiendo. Tal
vez por apoyar a la persona incorrecta o quizás porque desde los romanos hasta la
dictadura franquista se ha aprovechado de nosotros, no dejamos de ser una
ciudad que siempre parece la sombra de lo que fue y pudo ser. Sin embargo, no
puedo dejar de sonreír cuando pienso que fuimos nosotros los que nos levantamos
ante una Républica que alardeaba de todo menos de lo que era. Los que acuñamos
durante seis meses moneda propia y comenzamos una resistencia contra una ‘sartá’
de políticos incompetentes. No soy republicana, pero siempre he sido cantonal. Años
más tarde, tras soportar una restauración que no nos trajo ningún bien y una
dictadura que nos hizo crecer económicamente, fue el capitán general de
Cartagena el que convocó unas elecciones que cambiarían el curso de la historia
española. La II República fue proclamada un día como hoy de 1931 y toda
Cartagena salió a la calle a celebrarla. Más tarde, el rey Alfonso XII
obtendría del puerto de mi ciudad su última visión de España. Y, por extraño
que parezca, el pueblo cartagenero volvió a salir a la calle a verlo partir. No
hubo abucheos, ni trifulcas. Hubo seriedad, y algo parecido al respeto. Porque
me imaginó al señor mayor, con su sombrero y bastón, dándole una calada grande
a su cigarro mientras piensa: “Jodéte cabrón, por haberte atrevido a joder un
país. Y más aún, a mi país.”
No soy republicana, soy
cartagenera. Pero quizás estos dos conceptos van demasiado unidos para que yo intente
separarlos. Fuimos de las últimas ciudades en caer defendiéndola en la Guerre
Civil. Pero también fuimos la primera ciudad que se puso a su contra cuando no
nos gusto cómo funcionaba. ¿Y yo? No lo sé. Pero si hoy se proclamará la III
República española y el Rey saliera por Cartagena, yo saldría a la calle. Y,
con respeto, pensaría: “Vete, grandisímo hijo de puta, con tus millones a Suiza.
Por haber pedido a mi abuela que olvidara como su padre murió en la Guerra
Civil, que superara una dictadura, que se amoldara a una democracia. Y mientras
tanto tú, justificar toda tu vida con una actuación una noche.”
Cartagena, 14 de Abril 2013
No hay comentarios:
Publicar un comentario